La Revolución Industrial en Europa

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La Revolución Industrial se extendió por Europa durante todo el siglo XIX desde el corazón del Reino Unido, donde surgió a mediados del siglo XVIII

La Revolución Industrial fue un proceso de transformación tecnológica, económica, social y política, originado en el Reino Unido a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Las transformaciones que se produjeron fueron tan profundas que no se había visto un cambio similar en el mundo desde la revolución neolítica unos 10.000 años antes, cuando se pasó de una sociedad y economía de carácter rural y agrario a otras urbanas e industriales.

La Primera Revolución Industrial concluyó, antes de extenderse por el continente europeo, hacia mediados del siglo XIX. A partir de ese punto se inicia la Segunda Revolución Industrial, que en pocas décadas se difundió por gran parte de Europa hasta que llegó a su fin en 1914, con la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, con la excepción de las capitales nacionales del sur, no aparecieron nuevos grandes núcleos industriales más allá de los existentes en 1880.

La fuente de energía principal para la industria de esa época fue el carbón, y la mayoría de los núcleos industriales surgieron en la proximidad de importantes depósitos carboníferos. Las dos grandes industrias que tiraron de la Revolución Industrial fueron la textil y la siderúrgica. La presencia de hierro y carbón en ese momento, junto con facilidades a la comunicación, como ríos navegables y canales, siguen explicando la distribución de la industria en la Europa actual. La banana azul europea une desde Londres a Génova algunos de los mayores núcleos industriales del siglo XIX en torno a los ríos Rin y Po y sus minas de carbón y hierro.

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Si bien la presencia de carbón y hierro fue determinante en la aparición de las grandes regiones industriales, en el sur de Europa, pobre en estos recursos, aparecen algunas regiones industriales gracias a la existencia de una protoindustria tradicional, principalmente vinculada al sector textil, como es el caso de Cataluña o los distritos industriales italianos, todavía fundamentales para explicar la geopolítica italiana.

La llegada de la Revolución Industrial al continente a través de la región de los Países Bajos permitió a un pequeño país tapón recién nacido como Bélgica, rico en carbón, convertirse en una potencia industrial. Tal fue su relevancia que Bélgica llegó a rivalizar con las grandes potencias del continente e incluso tuvo su propio imperio colonial, fruto del reparto de África. En el Imperio austrohúngaro la principal región industrial fue Bohemia, lo que favoreció una mayor germanización del territorio, pero también la aparición de una élite bohemia ilustrada y nacionalista que impulsó el nacimiento de Checoslovaquia, pero también su posterior desintegración.

 

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