Por Daygorod Fabián Sánchez, educador y Asesor Político

La inserción de la clase partidaria en todos los estamentos de la sociedad ha provocado diversos fenómenos de fácil descripción y otros de más compleja explicación.
La recompensa por ser parte de una estructura sin ideología, ni filosofía, ni conocimiento ni preparación en x área es un puesto público, de cierta relevancia, en el caso de los países en vías de desarrollo.
Como no se exige en ningún momento el mínimo para poder ocupar la posición x, y o z, tenemos en lo puestos públicos gente sin el mas mínimo adiestramiento.
Otros tienen la titulación, pero es evidente que el titulo es sólo eso un titulo vacío, que al ser sometido a una prueba con cierto grado de rigurosidad, nos percatamos que no existe un ápice de conocimiento en el área que dicen desempeñarse.
Un caos aún peor es el grado de inestabilidad emocional y psicológica de quienes detenta muchos puestos públicos.
Estas razones y muchísimas más que pudiésemos enumerar son la causa de que funcionarios del pasado y actuales, en vez de cumplir con sus funciones se dedican más a promover la figura propia o de quien los colocó en el cargo.
Esta practica además de ser penosa, es mediocre.
Finalmente pueden intentar engañar a todo el mundo pero nunca a ellos/as mismos/as, pues en su interior saben que no ocupan esas posiciones por meritos intelectuales sino como premio por su lealtad política o por ser manejables, desde el puntos de vista de la gestión política.
De ahí que las personas con personalidad propia y actitudes que no caminan por el trayecto de la mediocridad, nunca caen bien en estos círculos.
Por ese motivo observamos el no avance de las gestiones gubernamentales.
Además las personas que exhiben ese comportamiento tienen un miedo al talento y a la inteligencia de los demás, al punto que ven a toda persona que ciertas luces como competencia o sombra.
En naciones desarrolladas es todo lo contrario, a quienes tienen luces se les premia para que sigan pensando y aportando su conocimiento a la nación.