Retos de la Costa Sur para el 2026

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Por: Manolo Guevara Díaz
Barahona.–
El desarrollo no puede concebirse como un proceso aislado ni improvisado. Desde el Estado dominicano, el progreso debe avanzar acompañado de una visión integral, sostenido por un verdadero “cordón umbilical” que conecte las políticas públicas con las reales necesidades de las comunidades. Solo así se puede garantizar un crecimiento armónico, sostenible y con resultados tangibles.
En la Costa Sur, específicamente en las comunidades de San Rafael, La Ciénaga y Paraíso, el año 2026 plantea retos ineludibles que demandan respuestas concretas y oportunas. No se trata de promesas, sino de acciones que permitan a estos pueblos avanzar de manera unísona hacia el desarrollo.
El medio ambiente encabeza esta agenda pendiente. La riqueza natural de la zona es su mayor activo, pero también su mayor vulnerabilidad. Protegerla no es un lujo, sino una obligación del Estado y de la sociedad, especialmente ante el crecimiento del turismo y la presión sobre los recursos naturales.
Otro punto neurálgico es la construcción de la presa en el río Nizaito, en Paraíso, una obra largamente esperada que impactaría positivamente en el acceso al agua, la producción agrícola y la seguridad hídrica de la región. Su ejecución representaría un paso firme hacia el desarrollo sostenible.
Asimismo, resulta impostergable la inversión en la mejora de las vías de acceso y la seguridad vial, elementos claves para el turismo, el comercio y la movilidad de los residentes. Una carretera segura y funcional es sinónimo de oportunidades y bienestar.
El fortalecimiento de las instituciones comunitarias, dotándolas de bases legales sólidas y operativas, es otro desafío fundamental. Comunidades organizadas y con respaldo institucional pueden participar activamente en la toma de decisiones y en la defensa de sus intereses.
Finalmente, se hace necesario un mayor incentivo a la producción local y a la agregación de valor, para dinamizar la economía, generar empleos y reducir la dependencia de actividades informales o de bajo impacto económico.

Nos animamos a luchar por alcanzar las bondades de una producción amigable con el medio ambiente, no solo por su inmensa importancia para la humanidad, sino también por los beneficios directos que esto representa para nuestra localidad. Apostar por prácticas sostenibles nos permitiría posicionarnos en el mapa de las naciones y territorios que contribuyen activamente a la producción de oxígeno, reafirmando nuestro compromiso con la vida, el equilibrio ambiental y el desarrollo sostenible.

Atender estos retos no solo es una deuda histórica con la Costa Sur, sino también una oportunidad estratégica para demostrar que el desarrollo puede y debe llegar a todos los rincones del país. El 2026 debe marcar un antes y un después para estas comunidades que por años han esperado ser escuchadas.

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